¿Por dónde empieza una empresa que quiere usar inteligencia artificial?
Por una tarea concreta que hoy consume tiempo: teclear facturas, buscar información en varias pantallas, preparar informes repetitivos. Se elige una, se comprueba si los datos están accesibles y se hace un piloto pequeño. Empezar por comprar una herramienta genérica y buscarle uso después suele terminar en nada.
¿Se puede conectar la IA con el ERP que ya tenemos?
Depende de si podemos acceder a sus datos, y eso se comprueba antes de prometer nada. No hace falta que el ERP esté en la nube: también se estudian instalaciones locales. Cuando el sistema es cerrado del todo, a veces se pueden plantear consultas pero no ejecutar operaciones.
¿Los datos de mi empresa acaban en manos de terceros?
Es una de las primeras cosas que se decide en cada proyecto: qué información sale de la empresa, hacia dónde y con qué condiciones. Hay escenarios que se pueden resolver sin que los datos salgan. Lo que no hacemos es dar por hecho que cualquier dato puede enviarse a un servicio externo.
¿Cualquiera del equipo puede pedirle cosas al asistente?
Cada cuenta está vinculada a un usuario del sistema de gestión y actúa con sus permisos y sus límites. Lo que un empleado no puede ver o hacer en el programa, tampoco lo puede hacer a través del asistente, y queda registrado quién pidió cada operación.
¿Qué obligaciones tiene mi empresa con el Reglamento europeo de IA?
Depende de qué herramientas se usan y para qué. El trabajo consiste en identificar la IA que ya hay en la organización, clasificar para qué se utiliza y qué información maneja, y a partir de ahí ver qué obligaciones aplican y qué hay que documentar o formar. Lo contamos entero en la página de cumplimiento del Reglamento de IA. Somos consultora tecnológica: cuando hace falta criterio jurídico, lo decimos.
¿Hace falta ser una empresa grande?
No. Trabajamos sobre todo con pymes, y los casos que mejor funcionan son los de empresas medianas con procesos muy repetitivos. Lo que sí hace falta es que la información esté en algún sistema accesible, no solo en la cabeza de las personas o en papel.